Capítulo 7 - Reuniones de Oración

El Avivamiento - Charles G. Finney

 

 

 

EL AVIVAMIENTO

 

Por

Charles G. Finney

 


Capítulo 7

 

REUNIONES DE ORACIÓN

 

"Y cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, la haré, para que el Padre sea glorificado en el

Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré." (Juan 14:13,14.)

 

Dios nos ha hecho de tal forma, y tal es la operación de su gracia, que somos seres que sentimos afinidad unos por otros, nos comunicamos los sentimientos. Un ministro, por ejemplo, con frecuencia, inspirará sus propios sentimientos a toda la congregación. El Espíritu de Dios que inspira su alma, hace uso de los sentimientos para influir en sus oyentes, tal como hace uso de las palabras que predica. Del mismo modo usa Dios los sentimientos de los cristianos. No hay nada más apropiado para inspirar un espíritu de oración que el unirse en oración conjunta con otro que tiene el Espíritu él mismo; a menos que éste esté tan adelantado que su oración sea una repulsa para el resto. Su oración despertará a los otros, siempre que no estén a demasiada distancia, atrás, como para alterarse y resistirle. Si están más o menos a la misma altura en los sentimientos, su espíritu los alumbrará, los encenderá y el fuego se esparcirá alrededor. Un individuo que posee el espíritu de oración, a veces, levanta a una iglesia entera, y extiende el mismo espíritu alrededor, de lo que resulta un avivamiento general.

 

Deja la reunión al Espíritu de Dios. Que los que desean orar, oren. Si el líder ve algo que haya que enderezar, que lo haga notar, libremente y con amabilidad, y una vez rectificado, que se siga. Sólo que hay que ser cuidadoso de decir lo que sea en el momento oportuno, para no interrumpir el curso del sentimiento, o apartar los pensamientos de las personas del tema apropiado.

 

Generalmente, los hay siempre que oran largo rato en una reunión, no porque tengan el espíritu de oración, sino porque no lo tienen. Son personas que van desenvolviendo una oración interminable, diciéndole a Dios quién es y qué es, o bien despliegan al orar todo un sistema teológico. Algunos predican; otros exhortan al pueblo, hasta que todo el mundo desea que se callen, y Dios también, supongo. Deberían ir al grano, orar por lo que tienen que orar, y no seguir la imaginación de sus corazones por todo el universo.

Cosas que pueden destruir una reunión de Oración.

 

Cuando hay una falta de confianza en el líder, no hay que esperar ninguna bendición. Sea por la causa que sea, aunque no tenga la culpa, el hecho es que el que dirige una reunión puede impedir toda bendición. He presenciado esto en iglesias, en que había algún anciano o diácono desagradable (quizá con razón, quizá no) que dirigía, y la reunión moría bajo su influencia. Si hay una falta de confianza con respecto a la piedad, capacidad, juicio o lo que sea, relacionada con la dirección de una reunión, todo lo que esta persona diga o haga caerá en el suelo. Lo mismo se puede decir que ocurre en una iglesia que ha perdido la confianza en el ministro.

 

Hay personas que llegan tarde a la reunión. Esto es un gran estorbo. Cuando se ha empezado a orar, y la atención está concentrada, con los ojos cerrados y la mente abierta, y en medio de una oración, alguien abre la puerta y atraviesa la habitación. Algunos miran y su mente se distrae. Cuando tratan de concentrarse otra vez, entra otro, y así sucesivamente. Yo creo que el diablo no se preocupará mucho del número de personas que asistan a una reunión de oración, con tal que lleguen después que haya empezado la reunión. Yo creo que, en realidad, está contento que vayan muchos así, para que pueda mantener distraídos a todos, escurriéndose entre los demás y buscando un asiento, para tener a todo el mundo distraído.

 

Si se canta demasiado, esto estorba la reunión. El espíritu que siente agonía por orar, no lleva a las almas a cantar. Hay tiempo para todo, tiempo para cantar y tiempo para orar. Pero si sé lo que es sufrir dolores de parto por las almas, los cristianos nunca tienen menos ganas de cantar que cuando tienen el espíritu de oración por los pecadores.

 

Con frecuencia la reunión de oración sufre daño porque los recién convertidos son llamados a cantar himnos gozosos. Esto es altamente inapropiado en una reunión de oración. No es el momento de que se entusiasmen en gozoso canto cuando hay tantos pecadores alrededor, y sus propios antiguos amigos, que avanzan en dirección al infierno. Un avivamiento se ve con frecuencia amortecido cuando la iglesia y el ministro se dejan llevar por el impulso de cantar con los recién convertidos. Pues, al cesar de orar, para gozarse cuando tendrían que sentir más y más por los pecadores, agravian el Espíritu de Dios, y pronto se encuentran que su intenso deseo y agonía por las almas se han desvanecido.

 

Las reuniones de oración son, con frecuencia, demasiado largas. Habría que terminarlas cuando los cristianos todavía sienten interés, y no dejar que se deshilvanen hasta que todo interés ha muerto y el espíritu de oración ha desaparecido.

 

Todo ministro debería saber que si descuida las reuniones de oración, toda su labor es en vano. A menos que consiga creyentes que asistan alas reuniones de oración, todo lo demás que haga no va a mejorar la condición espiritual de su iglesia.

 

Las reuniones de oración son las reuniones más difíciles de mantener, y sin duda ha de ser así. Son tan espirituales que, a menos que el líder esté especialmente preparado, su corazón y su mente, pronto van a disminuir. Es en vano que el líder se queje que los miembros de la iglesia no asisten. De diez casos, nueve es el líder el que tiene la culpa de que no haya asistencia. Si él tuviera los sentimientos que debe tener, los miembros encontrarían la reunión tan interesante que asistirían de modo natural. Si es tan frío y aburrido, y falto de espiritualidad que enfría a todo el mundo, no es de extrañar que los miembros no asistan a las reuniones. Hay quejas por parte de los diáconos u otras personas a cargo de las reuniones que hay falta de asistencia a las mismas, pero la verdad es que son ellos los que con su frialdad hielan de muerte a todos los que asisten.

 

El gran objetivo de todos los medios de gracia es la conversión de los pecadores. Deberías orar para que se convirtieran allí. No ores para que sean despertados y redargüidos, sino para que se conviertan allí mismo. Nadie debería orar, o hacer algún comentario de modo que diera la impresión de que considera que algunos pecadores saldrán de allí sin haber dado su corazón a Dios. Hay que dar la impresión en su mente de que es en aquel momento que han de entregarse. Si tienes esto en cuenta cuando oras, Dios escuchará.